Premio ou castigo?

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O primeiro día que saín da casa con pantalóns curtos e pelos (moitos pelos e moi longos) nas pernas, sentinme totalmente vulnerable e eufórica. Non sabía o que ía pasar, pero estaba a romper unha norma moi ríxida. Unha norma que investira horas, diñeiro, suor e bágoas en manter. Sentíame orgullosa da miña decisión e, asemade, ridícula pola cativeza innegable do xesto. Milleiros de mulleres cada día a loitar por causas nobres, nobilísimas, importantísimas, e eu orgullosa por ensinar uns cantos pelos.

Bel Olid: A contrapelo ou por que rachar co círculo de depilación, submisión e autoodio
Edicións Embora, 2020
Ilustración de cuberta: Elga Fernández Lamas
Tradución: María Alonso Seisdedos

El libro que no fue

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El reo era negro, pero tanto los letrados como el juez y los integrantes del jurado eran blancos. Se le acusaba de asesinato. Tres meses antes, en el entierro de una chica de dieciséis años, el hombre que aguardaba tras la mesa de la defensa, paciente y con las piernas cruzadas, sacó una pistola del bolsillo interior de su chaqueta y le pegó tres tiros en la cabeza al reverendo Willie Maxwell. Trescientas personas vieron cómo lo mataba. Muchas de ellas estaban ahora en el juicio, no para descubrir por qué lo había matado (eso lo sabía todo el mundo en tres condados y había incluso quien se extrañaba de que nadie lo hubiera matado antes), sino para comprender la inquietante serie de muertes que precedieron a esa.

Casey Cep: Horas Cruentas (Furious Hours. Libros del K. O. S. L. L., 2020
Ilustración de cubierta: María Castelló Solbes
Traducción: María Alonso Seisdedos

Pingüinos desnortados

«Avestruz era uno de los cinco pingüinos que habían llamado a la puerta de su casa hacía unos días. ¡Menuda sorpresa se había llevado! Más que nada porque en el Polo Norte no hay pingüinos. ¿Qué hacían entonces ellos allí? Se habían presentado sin previo aviso, como ocurre con los sucesos más extraordinarios. Todos venían enfermos, haciendo cla-cla-cla-cla-cla con el pico. Bubble se encargó de darles medicinas, aunque, en realidad, lo que necesitaban era frío. Al final acabó metiéndolos en su congelador por tandas. Ahora ya estaban todos prácticamente recuperados, salvo Avestruz, que no levantaba cabeza.»

Ledicia Costas: La señorita Bubble. Aventura bajo cero. Grupo Anaya, 2020
Ilustraciones: Andrés Meixide
Traducción: María Alonso Seisdedos

Una especie en vías de extinción

Es un otoño adusto que ataca por anticipado. La aldea acusa también el impacto del descenso de la tempera­tura y se encienden fogones y chimeneas. La evolución humana prosigue dentro de las casas. Charlas, apetitos, enfados y alegrías acompañan las horas alrededor de las mesas o junto a la lumbre. Algunos van al café, cor­tando la niebla por la calle con pasos firmes. Las farolas distribuyen manchas de luz amarilla, blanca y azulada que sirven de telón a todo lo que podría ser visto y está escondido. No hay panorámicas, no hay detalles, sólo a media docena de metros se ve lo que se tiene por delante. Hay ráfagas de viento, pero en nada se parecen a las que traerá el invierno. Esta niebla es más bien un gran algodonar, intenso y cachazudo, que se agita de vez en cuando. Es bien sabido que en las casas no entra y si entra enseguida se arrepiente y se deshace a la entrada de las bocas, al calor de las palabras.

Abel Neves: El espíritu de las vacas (O espírito das vacas). De Conatus. 2020
Traducción: María Alonso Seisdedos

Con fabulación

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Ao día seguinte da gran néboa londiniense de 1897, varios membros dun selecto club, The Grill, recompoñen pouco e pouco o crebacabezas dun presumible dobre asasinato. Tras a demorada reconstrución que conforma o relato marco, ateigada de especulacións, testemuños e narracións intercaladas, un xiro inesperado conduce ao que a crítica definiu, de forma unánime, como un enxeñoso final.

Richard Harding Davis: Na néboa (In the fog). Hugin e Munin (2020)

Tradución: María Alonso Seisdedos

 

Pódese consultar aquí a ficha completa e un extracto do libro.

Lila

 

 

 

 

 

 

 

Aurora estaba asustada. Todas as noites, cando o papá volvía á casa, traía con el un monstro. Aurora escondíase debaixo da cama e tapaba os ouvidos para non o escoitar. Pero nin o seu acubillo, repleto de grilandas de luciñas, nin o seu gatiño, que sempre a acompañaba, daban escorrentado os berros daquel ser terrorífico.

María Márquez: O chuvasqueiro de Aurora (El chubasquero de Aurora). Edicions Bellaterra, 2020. Ilustracións: Paco Ortega. Tradución: María Alonso Seisdedos

Tres vidas

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Mi marido se acuesta con esta pobre ilusa, vuelve a pensar Mona Otero. Vuelve a pensarlo por tercera o quizá ya por cuarta vez desde que se subió al coche y se desespera, porque no llevan ni tres minutos de trayecto. Esta imagen, la de la pobre ingenua seducida, ya la ha tenido antes, al menos unas veinte o treinta veces más durante la boda del sábado. Y en simultáneo también piensa que ya es mala suerte que le haya tocado ir en el maldito coche con ella. Todavía van a la altura del cruce del gallinero, que además de no ser lo que se dice un cruce, no tiene cerca ningún gallinero, solo la granja de pollos de los Novo, que forma parte del paisaje histórico del entorno desde que a Mona le alcanza la memoria. Lo que sí es cierto es que ese cruce, que es más bien el empalme de una pista en otra, es como una frontera, el final de Saídres, la parroquia de Mona y el comienzo del exterior, sea cual sea ese exterior, Silleda o Lalín, o incluso Pontevedra o Compostela, esos sitios a los que habitualmente hay que ir por alguna causa: comprar, ir al médico o arreglar algún papel.

Ana Cabaleiro: Las Ramonas. De Conatus Editorial (2020)
Traducción: María Alonso Seisdedos

Secuestrada!

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Las patas se me hundían en la nieve. Excitado, aspiraba el aire puro y glacial de las montañas en lo alto de un cerro mientras contemplaba la ciudad.
«¡Qué bonita es de noche! ―le susurré mentalmente a Mia―. ¡Todas esas luces…!».
Mi hermana Mia dirigió una mirada fugaz al valle y se rascó una oreja con una pata trasera.
«Cuando averigüemos de dónde sacan las estrellas de colores, ¿volvemos al supermercado?», me preguntó ilusionada.
«¡Ni de broma! ¿O ya no te acuerdas de la que armaste la otra vez?».
Eché a correr a grandes saltos hacia el valle. Solo a Mia se le podía ocurrir pensar en comer en ese momento.

Katja Brandis: Woodwalkers. Amistades peligrosas. Edelvives (2020)
Ilustraciones: Claudia Carls
Traducción: María Alonso Seisdedos

Entre dos mundos

IMG_20200616_125403Mi madre, mi hermana mayor (Mia) y yo atravesábamos el pinar en silencio. Estaba tan emocionado que ni que tuviera hormigas bajo la piel.
«¿Entonces va en serio? ―le pregunté por enésima vez a mi madre en voz muy baja―. ¿Vamos a la ciudad?»
«¡Como vuelvas a preguntármelo, nos damos la vuelta!», gruñó.
Normal que estuviera hasta la coronilla. Nos habíamos tirado las últimas semanas rogándole que nos llevara por lo menos una vez. Ya no nos conformábamos con oír historias sobre los seres humanos. Poco después se detuvo y se puso a escarbar en el suelo con las garras desplegadas, como cuando caza perros de la pradera.
«Nuestro escondrijo con las cosas humanas debería estar por aquí», nos explicó, y enseguida surgió algo brillante y plateado bajo sus patas.

Katja Brandis: Woodwalkers. La transformación de Carag. Edelvives (2020)
Ilustraciones: Claudia Carls
Traducción: María Alonso Seisdedos